La feria comenzó a fines de los 90, llevaba varios años en una situación legal irregular y daba trabajo a 200 familias. El plan del municipio para desarrollar un nuevo paseo de compras.
En medio de un amplio despliegue policial y del municipio, ayer fue removida “La Saladita” de la Bristol, que llevaba más de 25 años de actividad y se había transformado en un clásico de la costa marplatense.
La feria funcionaba desde fines de los 90 y estaba al lado de la playa más popular de la ciudad. De acuerdo a los registros del Concejo Deliberante, la primera ordenanza regulatoria (N°12.593) fue sancionada en noviembre de 1999, durante la gestión de Elio Aprile.
La norma otorgaba un permiso precario por tres años a la Asociación de Vendedores Ambulantes para “hacer uso del sector identificado como vereda lateral de la Unidad Turística Fiscal Playa Bristol”, ubicado en Boulevard Marítimo entre Rivadavia y Peatonal San Martín.
“Los puestos serán móviles, debiendo mantenerse en todo momento pintados y cumpliendo las normas de seguridad, salubridad e higiene que determine el órgano contralor. El mantenimiento del orden y limpieza del sector deberá realizarse a su costo”, establecía la ordenanza.
La última vez que se renovó el permiso precario fue en diciembre de 2005, durante la intendencia de Daniel Katz, con una habilitación por dos años.
Desde el vencimiento de esta última ordenanza (N°17042), según consta en el Legislativo, en línea con lo planteado por el Ejecutivo local y por fuentes municipales, la actividad se mantuvo en una situación legal irregular.
Hasta el operativo con las topadoras de ayer, había cerca de 170 puestos que representaban una fuente laboral para 200 familias. Según el testimonio de diversos feriantes, los encargados de coordinar “La Saladita” cobraban un canon que alcanzaba cifras millonarias durante la temporada de verano.
“La feria no tenía ningún tipo de habilitación desde hacía varios años y usurpaba un espacio público. Además, había condiciones de riesgo, vinculadas con las estructuras, conexiones clandestinas, falta de disyuntores, elementos de seguridad siniestral y salubridad”, aseguró a LA CAPITAL Rodrigo Gonçalvez, secretario de Seguridad del municipio.
Denuncia y cambios
En octubre de 2024, Guillermo Montenegro, hoy intendente en uso de licencia, radicó una denuncia por la “usurpación y la ocupación indebida” de este sector, lo que derivó en un allanamiento y en el posterior desmantelamiento de la feria.
En 2022, la gestión local había impulsado un proyecto en el Concejo para crear la Unidad Turística Fiscal (UTF) denominada “Paseo de Compras Bristol” en el sector donde todavía funcionaba la feria.
La ordenanza, aprobada en octubre de ese año, tenía como espíritu la “recuperación del sector, con un ordenamiento del espacio público que permita respetar el entorno paisajístico, generar nuevas oportunidades de trabajo, inserción laboral y la posibilidad de ampliar, mejorar y modernizar los servicios que el sector brinda a la comunidad”.
En su argumentación, el Gobierno local consideraba necesario “finalizar con situaciones precarias a fin de promover una verdadera jerarquización del sector que genere un impacto beneficioso en el sentido cultural, social y económico, respetando las características del entorno”.
El objetivo de la iniciativa era avanzar con la confección de un pliego y el respectivo llamado a licitación de la UTF.
En declaraciones realizadas a LU6 en 2022, el entonces presidente del Emtur (Ente Municipal de Turismo), Bernardo Martín, había señalado que el propósito era “transformar ese paseo horrible, porque no le cabe otro calificativo, en uno agradable”.
Si bien en estos casi cuatro años el Ejecutivo nunca avanzó con la licitación, el desmantelamiento de la feria podría ser un impulsar la concreción del proyecto.
La Bristol
En paralelo, se mantiene otra cuenta pendiente: la renovación de la Playa Bristol Popular, que funciona como otra UTF.
En agosto de 2022, el Legislativo aprobó por unanimidad el pliego de bases para otorgar en concesión el uso y explotación del balneario, con el objetivo de ponerlo en valor. Las tareas debían realizarse considerando las “condiciones físicas, ambientales y paisajísticas” del lugar.
A grandes rasgos, las nuevas intervenciones previstas contemplaban el desarrollo de una playa pública equipada, con servicios como alquiler de sombrillas por día; gastronomía; sanitarios públicos accesibles; actividades deportivas; alquiler de lockers; venta ambulante; y duchas externas.
Si bien se convocó a licitación y se presentó una única empresa, que propuso una inversión en obras e infraestructura de $53.767.500, el Ejecutivo aún no adjudicó la concesión.
Tras un concurso de precios, la Bristol fue otorgada para su uso y explotación a Ítalo Ravasio en la temporada 1995/1996. En 1997 se realizó una nueva compulsa, en la que el municipio volvió a adjudicar al mismo empresario.
Desde 1999 hasta la actualidad, el concesionario contó con sucesivas habilitaciones precarias por parte de las distintas administraciones locales.